Trabajo, superación laboral, metas 'consumistas', ¿cuál es el problema? Ese, el problema es que no sé si esa decisión la tomé por cuenta propia o porque creí que no podía tener lo demás, lo 'común'.
Las preguntas empezaron a dar vueltas y a quitarme horas de sueño, todo el tiempo, como una obsesión mal sana que estaba, curiosamente, arrancándome vida a cambio de la vuelta de la 'ilusión'. Me di por vencida, acepté que no soy tan autónoma como quería o como me gustaría ser y me fui a un aparente segundo plano en mi propia vida, ¡qué tal! Ahora terminé peor de como empezaba, hasta que comencé a ver la ventana que estuvo todo el tiempo ahí y no quería voltear a ver:
Tener una familia no es prioridad para mi, podría tenerla pero no la necesito.
Las cosas llegarán en el momento que deba ser, mientras, es momento de dedicarme a la búsqueda de empleo, a luchar para eso que sí quiero, que es prioridad, de dejar de hacerme bolas en la cabeza por tópicos que representan nimiedades para mi.
Así que hice lo único que me ha sacado de los baches: Me senté en mi cama con las piernas cruzadas, respire y lo dejé ir, respiré todo el tiempo que lo necesité para poder dejar mi mente en blanco, aunque fuera por unos segundos. Me tomó mucho tiempo, mucho esfuerzo, pero lo logré y desde ese día he podido dormir tranquila, también me he sentado otras veces a respiras y respirar para dejar salir las frustraciones y el bombardeo de ideas como al CO2, pero nadie dijo que este camino no iba a costarme.
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miércoles, 18 de enero de 2012
domingo, 18 de septiembre de 2011
Con la certeza de un talvez
Mis amigos me dicen abuela porque no me gusta ir de antro, pero aún así intento acompañarlos cada dos o tres semanas. Este día me vía muy linda, me sentía cómoda con mi ropa y peinado, la música no era la mejor y eso hizo que me bajoneara, después noté que los vasos que dan son de plástico y pensé: Wow! un sitio libre de vidrio, cómo no pensé antes en refugiarme aquí para no verlo? El esfuerzo de incontables horas llegó a su fin, recordé a un asesino.
La noche siguió tranquila, la música mejoró y de pronto el tipo que estaba parado frente a mi me preguntó el nombre -¿mi nombre?, ¿para qué chingados quiere mi nombre? Con esa mirada que me arroja mejor que me pregunte de una buena vez si le voy a dar las nalgas para que deje de molestarme-, ese pensamiento empezó a latir tomando el ritmo de la canción en turno y yo, como buena idiota, le di mi nombre. El niño no era para nada mi tipo, además que nunca he sido de la idea de 'ligar' en un antro... ¡Ligar! si ahí nada más es sacar el instinto animal y eso me da fácil, sí, la mayor parte del tiempo soy bastante animal, pero no por eso voy a dejar que un feo cualquiera me arrime todo el paquetote... mínimo que sea un feo que me guste.
El problema conmigo es que el físico me prende pero el intelecto es el que me provoca el deseo. ¿Para qué jodidos querría yo relacionarme con un orate que va a esos lugares a embrutecerse con alcohol y a 'tirar rostro' para investigar quien cede a las bajas pasiones? Para nada. Lástima, mis amigos me ven como la quedada y en cuanto apareció el primero con intención de hacerme sentir el 'paquetón' al ritmo de reggaetón casi le ponen un altar.
No es que yo sea fea ¡vaya! Sé que no soy una candidata a Miss Universo pero me defiendo, y aunque no tengo más problemas con mi cuerpo de los que cualquier mujer normal, odio ser vista como un trozo de carne, cual bistec en carnicería.
Yo prefiero que me observen, que vean mis formas por separado y después me armen a su antojo, así tengo la oportunidad de ser imperfecta y de sentirme tranquila entre mis defectos, sin un juicio que crea reunir las características de todo lo que soy. Me gusta que vean la belleza de mis lonjas sin sobrevalorarlas, a sabiendas de que mi interior alberga cosas más interesantes que un par de buenos 'chamorros'.
Pues sí, me gusta que me vean a través de mis palabras y mis ideas, de mis acciones, a través de lo que queda escrito en el silencio y la cuantiosa gesticulación que ofrezco. Pero eso no se ve en un antro...
En un antro se ven mis piernas, mis chiches y mis nalgas, ¡Poca madre! seguro que ahí encuentro al hombre de mis sueños, al que va a verme como el objeto que no soy, el que cree que choreándome va a conseguir llevarme a la cama o a lo oscurito, sin imaginarse que sé que lo que diga esa noche no tiene validez alguna en ningún momento de la semana.
No soy de antros, talvez, porque ya no me valoro por la falda, las zapatillas, porque ya no creo que lo mejor que puede tener una mujer es un cuerpo que luzca un vestido entallado. No me gustan porque me ha dado por buscar algo más duradero y enriquecedor que un atascón de un par de horas.
Sí, tal vez soy una anciana porque sé que quiero y sé que no voy a encontrarlo los fines de semana entre estrobos y música alocada,soy una abuela porque no le encuentro el chiste a pagar 500 pesos por un botella de licor que normalmente no pasaría los 200, además tengo el descaro de creer inválida la creencia de que no soy una mujer real si no tolero unos tacones de 12 cms de alto mientras bailo toda la noche.
Se me vienen a los dedos varios talvez, pero talvez del único del que tengo certeza de que no me equivoco, es del de saber que merezco más de lo que una discoteca en decadencia me puede dar.
La noche siguió tranquila, la música mejoró y de pronto el tipo que estaba parado frente a mi me preguntó el nombre -¿mi nombre?, ¿para qué chingados quiere mi nombre? Con esa mirada que me arroja mejor que me pregunte de una buena vez si le voy a dar las nalgas para que deje de molestarme-, ese pensamiento empezó a latir tomando el ritmo de la canción en turno y yo, como buena idiota, le di mi nombre. El niño no era para nada mi tipo, además que nunca he sido de la idea de 'ligar' en un antro... ¡Ligar! si ahí nada más es sacar el instinto animal y eso me da fácil, sí, la mayor parte del tiempo soy bastante animal, pero no por eso voy a dejar que un feo cualquiera me arrime todo el paquetote... mínimo que sea un feo que me guste.
El problema conmigo es que el físico me prende pero el intelecto es el que me provoca el deseo. ¿Para qué jodidos querría yo relacionarme con un orate que va a esos lugares a embrutecerse con alcohol y a 'tirar rostro' para investigar quien cede a las bajas pasiones? Para nada. Lástima, mis amigos me ven como la quedada y en cuanto apareció el primero con intención de hacerme sentir el 'paquetón' al ritmo de reggaetón casi le ponen un altar.
No es que yo sea fea ¡vaya! Sé que no soy una candidata a Miss Universo pero me defiendo, y aunque no tengo más problemas con mi cuerpo de los que cualquier mujer normal, odio ser vista como un trozo de carne, cual bistec en carnicería.
Yo prefiero que me observen, que vean mis formas por separado y después me armen a su antojo, así tengo la oportunidad de ser imperfecta y de sentirme tranquila entre mis defectos, sin un juicio que crea reunir las características de todo lo que soy. Me gusta que vean la belleza de mis lonjas sin sobrevalorarlas, a sabiendas de que mi interior alberga cosas más interesantes que un par de buenos 'chamorros'.
Pues sí, me gusta que me vean a través de mis palabras y mis ideas, de mis acciones, a través de lo que queda escrito en el silencio y la cuantiosa gesticulación que ofrezco. Pero eso no se ve en un antro...
En un antro se ven mis piernas, mis chiches y mis nalgas, ¡Poca madre! seguro que ahí encuentro al hombre de mis sueños, al que va a verme como el objeto que no soy, el que cree que choreándome va a conseguir llevarme a la cama o a lo oscurito, sin imaginarse que sé que lo que diga esa noche no tiene validez alguna en ningún momento de la semana.
No soy de antros, talvez, porque ya no me valoro por la falda, las zapatillas, porque ya no creo que lo mejor que puede tener una mujer es un cuerpo que luzca un vestido entallado. No me gustan porque me ha dado por buscar algo más duradero y enriquecedor que un atascón de un par de horas.
Sí, tal vez soy una anciana porque sé que quiero y sé que no voy a encontrarlo los fines de semana entre estrobos y música alocada,soy una abuela porque no le encuentro el chiste a pagar 500 pesos por un botella de licor que normalmente no pasaría los 200, además tengo el descaro de creer inválida la creencia de que no soy una mujer real si no tolero unos tacones de 12 cms de alto mientras bailo toda la noche.
Se me vienen a los dedos varios talvez, pero talvez del único del que tengo certeza de que no me equivoco, es del de saber que merezco más de lo que una discoteca en decadencia me puede dar.
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