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domingo, 1 de mayo de 2011

Without you, with me

Ha perdido el sentido pensar siquiera en que enviará algo para disculparse, cada día que pasa es una promesa rota, una promesa que nadie me dio, pero que existe.
Le pedía alguna vez que creyera en mi de la misma forma en que yo lo hacía en él, ahora no puedo, ahora no creo en él. Sólo queda la confianza que tiene en mi, ¿para qué, de qué podría servir esa confianza? Ya no estoy segura de tener ganas de desgastarme con él.
Me he convertido en una persona que no me gusta, vengativa, que odia. Transformé mi pensamiento para que esperar por él fuera una opción y hoy, hoy se que ni siquiera tiene caso pensarlo.
Esperar por él sería convertirme en una princesa, en una Aurora, que se duerme en espera de su príncipe, que pierde su vida dormida, su vida que únicamente tiene sentido cuando está él. No, no quiero.
Me da rabia ver en lo que me convertido, me da rabia pensar en preguntarle algún día qué vida elige, porque yo debo elegir sola, no debo ser la opción de nadie. Porque en la apuesta de tu vida o la mía debo elegir lo que yo quiero, no lo que tú prefieres.
¿Sabes? ¡Claro que no sabes! cómo vas a saber... es difícil decirle adiós a la vida que quería contigo, es duro ver que planee un futuro cuando no me das ni un presente.
Tengo una pregunta que quiero que tenga respuesta pero no quiero hacerla, ¿porqué no estás conmigo ahora?

domingo, 15 de agosto de 2010

Días ganados

Hay días en los que me siento rota, triste. Tardes en las que comprendo lo difícil que resulta darse por vencido, dejar de luchar y de creer. Esperar a que llegue un no sé qué, no sé quién, sin saber dónde, cuándo, andar por las calles como niño que juega a la gallina ciega, intentando probar y atrapas las cosas que erróneamente piensa que están a su alcance.
Desesperanzada, con la cara vuelta a la realidad. El discurso da vueltas y vueltas dando argumentos que parecen válidos, que deben serlo, pero al final del día resultan engaños simples, como quien predica lo que evita aplicar en su vida diaria, como quien disfruta burlándose de la desesperación ajena.
Preferiría ser una muñeca, perder mi voluntad y dejar que los hilos que intentan tirar de mis pensamientos ganaran al fin la batalla, la guerra… Preferiría ser lo que niegan que esperan, pero desean en la intimidad de sus corazones, ejemplificar en mi vida los oídos sordos, y seguir dándome con la misma pared de siempre, sólo que esta vez, fingiendo que no existe.
Me gustaría tener la cara inexpresiva, la mirada cerrada, las manos ocupadas en mantener la postura, y el cerebro anestesiado, la lengua atada, la fugacidad de la sonrisa fingida tan memorizada que crea yo misma que es su posición natural. Sería más sencillo serlo, menos asfixiante, con mejores prestaciones.
Meterme en la cabeza que la doble moral es parte de una necesidad social, que no merezco disfrutar y resulta necesario evitar a toda costa los goces personales, entender que, desgraciadamente, la mujer sigue estando para los demás y no para sí. Gritar mi independencia a los cuatro vientos, mientras ato el tobillo izquierdo a un cuento de hadas.
La histeria colectiva que grita con voces calladas que se ha errado el camino, que es momento de dar vuelta en u y volver al sendero conocido, que ofrece serias complicaciones a cambio de olvidarse de sí, de perderse en un mar de adjetivos que no responden por nombre propio sino por oficio.
Ocupación, buscar en los demás lo que no sé de mi. Interés, dimitir de la imagen propia, adoptar la convencional. Grado, depende de la aspirante, pero por lo regular, a partir de la segunda década de vida la mayoría son expertas ya en la hipocresía e hipocondría.
La última palabra no desea ser escrita, porque se resiste a creer que dejará el oscuro ático dónde se esconde con las demás generadoras de convicciones, porque sabe que más allá sólo encontrará el olvido, el perdón por un error que no ha cometido, la pena ajena por un juicio perdido, el señalamiento por ser real.
Las horas pasan, los recuerdos vuelan. Los más fuertes taladran y preguntan, se ocupan de hacer tambalear a cada momento los endebles argumentos que limitan el ideal y la realidad. Las lágrimas se tornan ausentes y por momentos, una estridente carcajada que proviene de la angustia, decide brotar desde el alma hasta los labios, mismos que la silencian y le prohíben el paso, pues comprenden que la prisionera se lleva la poca entereza sobreviviente consigo, que no viaja sola.
La realidad cayéndose a pedazos para mostrar el panorama que esconde tras sus velos y silogismos. La realidad empapada de mentiras, de panfletos.
Estos son los días ganados, días que disfruto, en los que pienso que es difícil dejar de luchar y de creer, de creer que puedo obviar el discurso que se convirtió en mi deseo. Días que me hacen esperar por las noches, que me llevan embelesada de la mano a los aposentos del insomnio, de la muerte y la pérdida.

viernes, 16 de enero de 2009

Hablando como Sam

Desperté completamente asustada y segura de una cosa:
No quiero verme como lo hacía en mi sueño, no quiero el vestido ni la boda de pueblo, tampoco verme obligada a pasar mi vida con alguien por miedo a quedarme sola. No quiero a alguien que no conozco.

Me di cuenta que no quiero todas esas cosas que siempre pensé que debía tener para ser feliz.
La única verdad es que no soy feliz porque no me permito serlo, extraño en demasia a una persona que nisiquiera recuerda mi nombre, y por más que lo niegue, no desea tenerme en su vida.

Me vi llena de una convicción que no se ha aparecido por aquí cuando me encuentro despierta, asustada, por supuesto, pero convencida de lo que iba a hacer...aun cuando no supiera como hacerlo.

También me han preguntado por quién es el amor de mi vida y... aunque por muchos momentos pensé que estaba cerca de cambiar la respuesta, cada día que pasa me siento más y más de lejos de cambiar el nombre.

Al menos mmm Bodoque era honesto jajajaja, bueno, todo lo honesto que puede ser un infiel, no fingía ser quien no era y siempre habló claro. No me engaño, ni me hizo fácil el engañarme con el. De una completamente diferente forma, NEXT me dijo: porque me quieres. Era tan consciente del poder que sobre mí tenía y lo sabía aprovechar tan descabelladamente bien... pero lo negaba ante las demás personas.

No, el no es lo que todos ven ni el engendro que todos conocen... es menos que eso, por ello es un tanto más peligroso... pero que puedo decir yo! enamorada de un farsante, olvidandome a mí y a los míos.

Como bien dijo Bunbury:

Devuélveme el amor que me arrebataste o entrégaselo,
lo mismo le da a la abajo firmante…
Como nunca te obligue a nada de lo que tú no quisieras,
firmo esta carta, que es mi carta de despedida,
la misma que nunca habrá de llegar...

Después de todo... alguien me espera, como Samantha en Sex and the City, alguien con quien tengo una relación desde hace más de veinte años y que he tenido olvidada por algún tiempo.